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Agustín Calmet y los vampiros

  

Dom Agustín Calmet pertenecía a la congregación de Saint‑Vannes y de Saint‑Hidulphe, siendo abad del monasterio de la orden de San Benito de Sénones, en Lorena. Nacido en Mesnil-la-Horgne, cerca de Commercy, en 1672, murió en París en 1757. Gran erudito, autor de un pesado y monumental comentario bíblico, se interesó pronto por una nueva -en aquella época y lugar- modalidad de apariciones que, según él, habían comenzado a divulgarse apenas sesenta años atrás. Gracias a sus relaciones personales con diversos clérigos y misioneros de aquellas remotas zonas y de otros hombres de Estado -especialmente vinculados al duque de Lorena- pudo reunir suficientes datos al respecto como para escribir un tratado sobre los vampiros. Por igual no había podido evitar acumular otras reseñas que hacían referencia a apariciones del tipo más clásico, y ello le encomió a publicarlas por separado.

El primer volumen lo tituló: Tratado de las apariciones de los ángeles, de los demonios y de las almas de los difuntos, y el segundo: Disertación sobre los revinientes en cuerpo, los excomulgados, los upiros o vampiros, brucolacos, etc. Y a pesar de su apelación en la propia introducción del tratado (*los que los creen verdaderos me acusarán de temeridad y de presunción, por haberlos puesto en duda, o incluso haber negado su existencia y su realidad; los otros me echarán en cara haber empleado el tiempo en tratar esta materia, que pasa por frívola e inútil en el espíritu de muchas gentes de buen sentido+ no pudo evitar convertirse en el blanco preferido de las burlas de los iluminados, *los cuales le despreciaron en todo momento como el más firme campeón de la superstición+. A partir de entonces su destino fue más bien gris, pues incluso los católicos dejaron de tener en consideración a sus antiguos tratados bíblicos. Hoy su nombre se encuentra casi exclusivamente en las bibliografías del vampirismo. Su obra se publicó por primera vez en 1746 y tuvo un enorme éxito, como demuestran las repetidas ediciones muy seguidas en el tiempo. Y así fue Calmet quien estableció la definición de vampiro, sintetizada luego en el Diccionario infernal de Collin de Plancy (1783‑1881), aunque muchas de las historias que nos cuenta Calmet nada dicen sobre chupasangres, pues a veces, el vampiro apenas molesta, o simplemente exige que se le sirva el plato en la mesa.

"Los revinientes de Hungría, o vampiros, [...] son unos hombres muertos desde hace un tiempo considerable, más o menos largo, que salen de sus tumbas y vienen a inquietar a los vivos, les chupan la sangre, se les aparecen, provocan estrépito en sus puertas y en sus casas, y, en fin, a menudo les causan la muerte. Se les da el nombre de vampiros o de upiros, que significa en eslavo, según dicen, sanguijuela".

  
 
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     Enlaces externos: 
 
1  Dissertation sur les vampires. Table des materies.    Francés   
 

 

 

by R. B.


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